lunes, 21 de marzo de 2011

Comentario de Marco Antonio de la Parra

Comentario de Marco Antonio de la Parra
sobre “Las Meninas” de Ernesto Anaya.


Las meninas, extraños íconos de la historia del arte inscritos en el
panteón pop de la cultura, son esta vez arrancadas del cuadro para la visita del humor descabellado de Ernesto Anaya que no deja de hacerle un guiño a la poesía.
La tragedia del artista, encarnada en Velázquez, le da una nueva profundidad a una lectura a ratos absolutamente delirante.
¿Quién no ha quedado prendado de la contemplación de Las meninas? ¿Quién no ha sido asaltado en ese vértigo de estar del lado muerto del cuadro sintiendo que el arte nos devora en la con-
templación?
Sin embargo, Las meninas se resiste y genera miradas, obras sobre las obras.
La versión de Ernesto Anaya es tan agridulce, graciosa y embriagadora que saca chispas al leerla y embriaga al contemplarla.
Delicada como una bomba, arriesga debajo del humor y lo grotesco con un final de boca extrañamente amargo.
Cuando conocí el texto, parpadeé en exceso como suele sucederme cuando me encuentro delante de algo realmente nuevo,
aunque suene a cita posmoderna (eso que pasó sin saber lo que era y que nos tiene al otro lado del río sin saber dónde estamos).
Histriónico pastiche, la versión de Las meninas de Anaya sorprenderá al más pintado.
Soy, fui, uno de ellos. Bienvenido el caústico humor de este chileno mexicano italiano, loco de la guerra, para quien no hay fronteras y entra y sale de Velázquez como si fuera su casa.
                   
                                        Marco Antonio de la Parra

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